Gonzalo Asalazar nos habla del Deseo Invisible

Entrevista a Gonzalo Asalazar

Por Esteban Garó.

Sentados en una esquina del café-librería La Raposa en el barrio de Poble-sec, nos reunimos con el escritor e investigador literario Gonzalo Asalazar, quien acaba de publicar en Barcelona su libro El deseo invisible, del cual quisimos preguntarle sobre qué va y cómo ha sido el proceso de internacionalizar su trabajo.

  • El deseo invisible, es un nombre que ya provoca desde las repisas de la librería con esa rosa y ese ojo que acompañan al título en la tapa roja del libro, ¿a qué nos acercamos cuando lo abrimos?
  • A cinco personajes que de alguna forma representan tipos sociales de la época, que recorren Santiago de noche teniendo toda clase de encuentros sexuales en espacios públicos, en medio de la bohemia propia de los cincuenta, sesenta y los tres años de la Unidad Popular.

Sus historias están entremezcladas con trazos ensayísticos, donde voy reflexionando sobre la situación del deseo homoerótico y sus códigos secretos de reconocimiento mutuo, en un contexto de represión policial y prevención sanitaria brutal.

Cada capítulo del libro es un espacio de encuentro.

Además viene con un mapa que puedes mirar mientras lees, así que no es necesario haber estado en Santiago para entenderlo. El libro entero es un mapa del deseo cola en Santiago de Chile antes del golpe de estado.

  • ¿Cómo nace la idea de hacer un libro como este?
  • Yo quería hacer una historia de la homosexualidad en Chile, e investigando me di cuenta de que ya existían diferentes historias, algunas guardadas en archivos, sin publicarse.

En ese camino me encontré con El negocio del deseo, del poeta argentino Néstor Perlongher, que mapea los recorridos de los michês por el centro de Sao Paulo, y que me dio la idea de darle un enfoque espacial.

Quería hacer una historia de la homosexualidad en Chile

El período vino de querer llegar tan atrás en la historia como fuera posible trabajando con entrevistas orales. Fui a la Plaza de Armas y encontré a maricas mayores que me contaron historias de encuentros en cines, parques o en la misma Plaza, siempre al alero de la oscuridad donde los colas convivíamos con los lanzas y las trabajadoras sexuales, y donde era posible reconocernos gracias a ciertos códigos como la mirada o determinadas maneras de  acercarse o invitar.

Esto ocurría de noche o en lugares oscuros

Esto ocurría de noche o en lugares oscuros, porque no podíamos pulular de día, la noche era el momento propicio para nosotros, la noche incentiva el deseo y antes Santiago no estaba tan asegurado a esa hora, el cerro Santa Lucía no tenía rejas y el Parque Forestal tenía los matorrales, se parecía más al Parque Los Reyes, entonces eran sitios aptos para esconderse.

Había un uso táctico del espacio, porque era un uso fugaz: eran ciertos prostíbulos, como el de la tía Carlina, ciertos cines, ciertos cafés, donde la tolerancia de los dueños permitía que algunos colas se juntaran ahí, por un momento.

Antes del golpe nunca tuvimos espacios propios, como una disco, eso vino después.

La clandestinidad del deseo homoerótico fue una consecuencia de su prohibición social. Pero eso no quiere decir que los colas no hayamos desarrollado un gusto por el riesgo de estos espacios. Es el “loco afán” de Lemebel.

Gonzalo Asalazar y el deseo invisible
  • ¿Qué documentos fuiste recogiendo para armar este libro?
  • De los escritores de la época me sirvió mucho Luis Rivano, que no era cola, pero que mapeaba el margen de Santiago en la época. Tiene una novela que se llama El apuntamiento, donde el protagonista es un hombre joven que se prostituye y recorre los lugares de encuentro.

El texto muestra muy bien cómo hombres que no eran colas, que no sentían una atracción por otros hombres, transaban y se metían al mercado del sexo porque era su única manera de sobrevivir.

En ese sentido, mi libro mapea las prácticas homoeróticas más allá de la identidad, de cómo se autopercibían, por eso considero que los trabajadores sexuales y los hombres casados que se metían con ellos también son colas.

me conseguí tesis médicas de la época que estudiaban la homosexualidad como una enfermedad,

Volviendo a los documentos, me conseguí tesis médicas de la época que estudiaban la homosexualidad como una enfermedad, entonces hacen perfiles de trabajadores sexuales que cuentan sus biografías y describen con mucho detalle sus cuerpos y sus técnicas de ligue, por ejemplo, “conoce a sus clientes caminando por la calle”.

  • Tu libro no es solo trabajo de archivo, una parte importante son imágenes literarias, que le permiten al lector ver a los personajes en su recorrido por la ciudad, ¿cómo te surgió la idea de alternar imagen y archivo?
  • Durante la escritura de la tesis me fueron saliendo imágenes, ficciones basadas en lo que había investigado, que empecé a desarrollar y terminaron conformando una gran parte del libro.

En ese sentido es un texto de divulgación histórica. Además, para hacerme cargo de la temática tuve que escribirla en clave pornográfica, porque no se puede hablar de la crudeza del cruising como si se tratara de gays corriendo felices por la ciudad, ¿cachái? Entonces algunas escenas son súper porno y violentas, y otras no, porque no todo era sexo duro tampoco.

algunas escenas son súper porno y violentas

  • En tu libro también hay una especie de nostalgia por el pasado.
  • Sí, me interesa enfatizar que a pesar de que el contexto histórico era  de mucha represión, el deseo encontraba su camino y creaba sus propios espacios, usando la ciudad con fuerza.

Esto era posible porque el Santiago de ese período era mucho más bohemio que el Santiago prepandemia, había hueveo y transporte público toda la noche, todos los días de la semana.

También hay una nostalgia por la Unidad Popular, como un momento de libertad inusitada a pesar del machismo de la izquierda, una nostalgia que en Chile revivimos intensamente desde octubre de 2019, con los símbolos allendistas en la calle.

Creo que hoy es súper importante restaurar la utopía.

Sobre la UP hay una crónica de Lemebel, La noche de los visones, que habla de cómo las colas de todas las clases sociales se juntan en la UNCTAD, actual GAM, antes del golpe, y después pasan un año nuevo en Recoleta.

  • Ahora si nos dirigimos directo al mapa, ¿de qué formas se ha interactuado con tu propuesta?
  • Hicimos un tour una vez, basado en el libro, citamos gente y yo les iba leyendo partes del libro e iba contextualizando, hasta que terminamos en un cine porno, el que quería entraba.
  • Hace un momento hablabas de la noche como momento propicio, ¿escribiste muchas páginas durante la noche?
  • Sí, lo escribí el 2014, en el día trabajaba y llegaba a escribirlo de noche, los viernes escribía hasta muy tarde y cuando me cansaba me iba al sauna. Después llegaba a las ocho de la mañana como nuevo, a bañarme y dormir.
  • Felicidades por haber traído tu libro hasta las librerías de Barcelona, ¿cómo crees que ha sido la recepción del público catalán?
  • Yo creo que ha sido buena y también discreta, soy independiente y ahora no tengo editorial. El deseo invisible lo escribí el 2014 y lo publiqué el 2017 con Cuarto Propio, se difundió mucho en América Latina y para mí es un proyecto terminado.

El 2020 el contrato con Cuarto Propio terminó, pero Diego Falconí, mi guía de tesis, me motivó a presentarlo acá en Barcelona y como no me quedaban libros, imprimí un tiraje corto y he ido dejándolo en librerías de amigos.

  • Saliendo un poco de tu libro, supe que viniste a ver a Virgine Despentes ayer.
  • Sí, estuvo súper bueno, me dejó pensando en muchas cosas, por ejemplo, en que las mujeres nunca han podido ser malas y que uno de los méritos de Valeria Solanas en el Manifiesto SCUM es haberse atrevido a ser muy mala.

Gonzalo Asalazar San Felipe, Chile, 1988) publicó El deseo invisible (Cuarto Propio, 2017), ha obtenido la Beca de Creación Literaria del Ministerio de las Culturas de Chile, actualmente cursa el doctorado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada de la Universidad Autónoma de Barcelona y dicta talleres de narrativa. Sitio web: eldeseoinvisible.cl

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